“¿Qué onda nosotros?” le preguntó desde lo alto, le llevaba
casi 2 cabezas, y lo miraba sorprendida ante la pregunta. En realidad no se sorprendió
tanto, intuía que algo pasaba entre ellos, pero no se animaba a que ocurriera,
si hubiera podido tal vez se hubiera ido corriendo o desaparecido lenta y mágicamente
durante la noche. Alguien por fin se había animado a decir eso que tanto temía
escuchar.
Unas horas antes había mantenido una conversación telefónica
con su mejor amiga. Su amiga la escuchaba atentamente dando leve pitadas a su
cigarrillo.
-Confesa que te gusta. ¿Hace cuánto tiempo que no
te gusta alguien? Lo ves y te pones… bueno se te cae la baba. A mí no me podes
engañar, te conozco desde los 10, se muchas cosas sobre vos y en esto no me
equivoco.
-Vos decís que quedo como el coyote mirando la
presa. ¿Tan tonta puedo quedar?
-No quedas como una tonta. Ellos no se dan cuenta
de nada nunca. Además qué problema hay
que te guste alguien. Igual te digo que la mujer esa que te recomendé te dijo
las cosas justas.
-No sé de qué me hablas.
-No niegues, sabes muy bien de que hablo, lo
único que te digo es que lo ates a la pata de tu cama.
-Pobre hombre, tampoco el salvajismo. Es muy
grande voy a tener que comprar una cadena para oso para poder atarlo bien y que
no le duela.
-Anda, no seas tonta, salí con él. Eso sí, báñate
antes. Seguramente estuviste todo el día leyendo y desde el jueves no te bañas
y ya estamos a sábado.
-Bueno mamá. Después te cuento que hice, capaz me
voy a vivir al Congo.
-No me da gracia. No seas tan cagona, afronta las
cosas. Si es un chico insoportable lo volves a tratar como la última vez.
-Jaja! Que graciosa. Bueno te dejo. Voy a meterme debajo de mi cama. Besos.
-Besos y después contame que paso.
Dos semanas antes lo había visto y pensó que nunca en si
vida iba a sentir lo mismo que sintió la primera vez que vio a su ex, que eso
tan importante, ese sentimiento no iba a volver a aparecer, pero con nadie. Por
eso mismo, lo trato indiferentemente, hasta asquerosamente.
Le daba mucha vergüenza acordarse, no le pareció gracioso
cuando su amiga se lo hizo recordar. Pero había estado bastante ubicada la semana
siguiente donde tuvo la oportunidad de volver a verlo en una fiesta.
Tenía
ganas de pedirle perdón. Porque él parecía bueno y sí, le gustaba. Le gustaba
hablar con él. Lo miro detenidamente esa noche. No era un hombre de gimnasio,
estaba bastante lejos de serlo y era un poco desarreglado. Si hubiera sido un
poco gruñón tal vez se le hubiera tirado encima en ese momento. Lo intento,
sobre todo cuando descubrió que tenía unas manos medianas casi perfectas,
perfectas para ella. Había otras cualidades físicas que le atraía. Lo observaba
detenidamente y se sonreía. Cada tanto él se acercaba y le hablaba, ella se
reía. Cuando se fue pensó que lo único que había hecho durante esa noche era
decir una cantidad de boludeces incoherentes y que por algún tipo de milagro,
(llamado música muy alta), no había sido escuchada con atención.
El día de la salida, eran ellos dos solos. No había música,
no había grupo de amigos, ni rincones oscuros. Sólo estaban ellos.
Él espero hasta estar seguro para formular su pregunta. Ella
pensaba que estaba loco. Se apartó rápidamente como si le fuera a robar. Intento ser asquerosa por segunda vez, pero no
le salió.
Lo miro de frente y se besaron. No recuerda quien se
abalanzo a quien. Seguramente fue él, es más alto, si hubiera querido tirarse
encima hubiera terminado en la calle rodando por la Avenida Santa Fe.
Acepto algo a partir de ese beso. Acepto que iba a dar
tiempo, y espera que el tiempo este de su lado. Tiempo para conocerlo, para
verlo, escucharlo e intentar ser feliz.